martes, 1 de mayo de 2007

Fausto y Mefistofeles

Mark_Antokolskii,1843-1903,Rusia,Mefistofel,BronzFausto es un personaje de ficción, protagonista de varias obras literarias y musicales, inspiradas en el Dr Johannes Fausto, autodenominado Georgius Sabellicus Faustus Junior; "príncipe de los nigromantes,", mago y alquimista famoso que vivió entre 1480 y 1540 en Alemania.
Contemporáneo y amigo de los alquimistas Cornelio Agrippa y Teofrasto Paracelso, se decía que había vendido su alma al Diablo mediante un pacto, firmado con una gota de sangre a cambio de obtener la piedra filosofal y toda la sabiduría del mundo.


El Fausto mas famoso, aunque no el original, es sin duda el de Johann Wolfgang von Goethe, que es al que hace Fernando Savater referencia en su Obra Criaturas del Aire. Goethe escribió primero un fragmento en 1790, que a insistencia de sus amigos convirtió en un drama terminado en 1808 y no es hasta 1828 que concluye la segunda parte. Anterior a el, Christopher Marlowe, contemporáneo de Shakespeare, nos habia dado su drama: La tragica Historia del Dr Fausto en 1604, aunque ya el personaje llamado Fausto había aparecido por primera vez en forma impresa en 1587, en una obra anónima titulada "Historia von Dr. Johann Fausten' donde nos relataba los pormenores de su vida y su pacto.

Fausto, la tragedia de Goethe, es la obra poética más trascendente escrita en lengua alemana y representa para ese idioma lo que el Quijote para el español y La Odisea para la literatura occidental.En la primera parte Goethe se concentra en el aspecto interior de Fausto: su alma, su melancolia, mientras en la segunda parte,Goethe describe el mundo de la época y se extendió más sobre la política, el arte, la guerra, la técnica.

A raiz de la obra surge el concepto del hombre fáustico, es decir, de que el hombre no debe reconocer límite alguno a su poder.


El Fausto de Goethe comienza con el prólogo en el cielo, en el que Mefistófeles,(abreviaremos Me, desde ahora en adelante) y Dios apuestan el alma de Fausto en una clara similitud con el Libro de Job, es decir, el valor o la indignidad de la humanidad serian probados en él.

Fausto un erudito universal de avanzada edad quien padece una crisis existencial, pues luego de décadas de estudio continuo ha llegado a la conclusión que el hombre nunca podrá entender el mundo en su totalidad. Además tiene la sensación de que ha desperdiciado estudiando la verdadera vida. Tras un intento de suicidio, no consumado gracias al repique de campanas en la mañana del Domingo de Pascua, emprende su conocido Paseo de Pascuas ante las puertas de la ciudad, con su fámulo, discípulo o asistente de catedrático Wagner, donde Fausto expresa el desgarramiento interior que siente al ver la animada y sencilla vida campesina tan diferente a la propia.

Allí Mefistofeles(Me) en forma de perro negro sigue a Fausto y entra en su estudio donde se trasmuta a forma humana, cuando Fausto al traducir la frase inicial del Evangelio de San Juan: “al principio era la palabra” decide cambiarla por “al principio era la acción”.

Entonces, Me le propone el pacto que será sellado con una gota de sangre, Fausto morirá y servirá al diablo si en algún momento, por breve que sea, se siente tan pleno de gozo y experimenta un placer tan intenso que decida detenerse y congelar ese momento eternamente, pronunciando la frase confirmatoria: “!Detente, momento eres tan bello!.
A cambio Me, ayudara a satisfacer todos los deseos de Fausto.Una vez firmado el pacto Fausto acompañado de Me se lanzan a experimentar de manera personal todo lo que hay en el mundo y las oportunidades que la vida ofrece.
Empieza su viaje por el mundo con la escena de la Taberna de Auerbach en Leipzig,donde le juegan bromas pesadas a los jovenes que bebian en el lugar y continuan su viaje en la casa de una bruja que mediante un filtro mágico lo transforma en un hombre joven.
Recién en un escena posterior en “La cocina de la Bruja” Mefistófeles le muestra, reflejada en un espejo mágico, la imagen de Helena de Troya, como representación de la belleza femenina tras la que Fausto correrá durante el resto del drama.

Luego llegan a la ciudad donde se encuentra a Margarita, una joven entrada apenas en la pubertad a quien corteja y seduce con dos cofres llenos de joyas y palabras hermosas.Se valen de Marta, una vecina a quien Me, enamora mientras utiliza como celestina para que Fausto logre sus propósitos de verse con Margarita a solas.
En uno de los encuentros Fausto le da una pócima a Margarita para supuestamente dormir a la madre y poder hacer el amor sin sobresaltos, pero la pócima ocasiona la muerte de la madre.

Valentín el hermano de ella vuelve de la guerra y al enterarse de que su hermana a sido seducida, reta a un duelo a Fausto donde muere, pero antes de hacerlo maldice a Margarita y le augura un mal futuro.

Mientras en una catedral Margarita es profundamente atormentada por un espíritu maligno, que la maldice y le hace ver lo pecadora que fue Fausto Y Mefistófeles van a la noche de Walpurgis, y sus orgiásticas practicas de aquelarre, mientras Margarita es apresada, juzgada por el asesinato de la madre y condenada a ser decapitada y el hijo que lleva en el vientre muere.
Durante la fiesta, Fausto tiene una visión espectral que lo advierte de la situación penosa en que se encuentra su amada, acusada de matar a su madre. Y acude en su ayuda a la prisión y trata de salvarla, pero ella se niega a irse con Fausto, debido a que este estaba acompañado por Mefistófeles y para no tener que vivir escondidas y en la desverguenza toda la vida. Se van así Fausto y Mefistófeles y dejan a Margarita a su suerte; y este es el fin de la primera parte.

En la segunda parte, Goethe describe el mundo de la época y se extendió más sobre la política, el arte, la guerra, la técnica en un ambiente lleno de elementos fantásticos y mitológicos.
Allí en el primer acto Fausto se traslada a la Corte imperial de un Estado con problemas económicos, donde se hace pasar por mago mientras Me hace el papel de bufon. EL problema economico Me lo resuelve mediante la impresión de moneda sin respaldo real que resuelve la situación de manera temporal y aparente y son felicitados por la acción.
Luego presenta, en un acto nigromante a los arquetipos de la belleza humana: Paris Y Helena de Troya, de quien Fausto se enamora perdidamente.
En el segundo acto, Warner Crea un homúnculo, mediante practicas alquimistas, quien se va con Fausto a una clásica noche de Walpurgis en los campos de Fasalia.

En el tercer acto Fausto convertido en un Señor de un castillo medieval le da asilo a Helena de Troya quien huye del palacio de Menelao, quien parece preparado a sacrificarla por sus deslices.Con ella Fausto se une y procrean un hijo: Euforión.

En el cuarto acto, Fausto ayuda al Emperador a ganar una guerra mediante las artes de Me y recibe a cambio un un extenso feudo en las costas del imperio, que en el quinto acto el convertirá en fértil, mediante al construcción de diques, mostrando como el progreso técnico transforma el mundo para bien y para mal.
Al Fausto ejecutar su sueño de ganarle terreno al mar en su feudo, se siente lleno de felicidad y pronuncia la frase fatídica y cae muerto.

Se abren las fauces del Infierno, pero como la censura no hubiera permitido que el Diablo hubiera triunfado, entonces aparecen Ángeles celestiales esparciendo rosas y en un descuido de Me se llevan el alma de Fausto al cielo dejando el pacto inconcluso.

Una vez, realizado estos comentarios, veamos que nos dice el personaje en el monólogo duodécimo. Habla Mefistófeles:
Criatruras al aire"Como soy de esa raza afortunada para la que la vanidad es virtud, no he de ìncurrir en disimulos de falsa modestia y quiero proclamar que en mi ya larga carrera de tentador han menudeado mucho más los éxitos que los fracasos.
Soy un científico y a esta vocación debo fundamentalmente mis triunfos; junto a tanta improvisación y tanta truculencia barata como imperan desgraciadamente entre los nuestros, destaco como profesiónal de preparación rigurosa y metódica, poco dado a hacer concesiones al mal gusto que nos viene de la tradición hagiográfica y preocupado tan sólo de la eficacia de mi gestión.

Soy destacado y por ello se confía en mí. ¿Debo decirlo todo? En el Infierno falta celo, falta pasión, entusiasmo, en una palabra: falta fuego..., que es, sin embargo, lo que a mí me sobra. Nos morimos inacabablemente de tibieza, incapaces de repetir los pasados alardes o de inventar nuevas formas de zapa. La rutina es un hielo mil veces más paralizador que el que Dante, con su gesto teatral y paradójico, puso en el corazón de nuestra Casa.

Quedamos todavía algunos que nos tomamos con fervor e iniciativa creadora nuestro destino eterno... Quedamos algunos, pero nuestro nombre ya no es Legión. Si no se produce una renovación a fondo de nuestros efectivos temo que nos instalemos perennemente en la decadencia; pero ¿de dónde podría venirnos sangre nueva a nosotros, los inmortales? Y lo más curioso e irritante de todo esto es la autocomplacencia victoriosa que ha cundido entre los que, para entrar donde están, debieron antes renunciar a toda esperanza.

Se repiten beatíficamente ¡con infernal beatitud! los tópicos más abyectos y desmovilizadores: que si nuestra mejor aliada es la indiferencia, que si no hay camuflaje superior a que nadie crea en nuestra existencia real, que si todo rueda hacia abajo por ley... de gravedad y mil sandeces del mismo corte. ¡Como si la abulia teológica de los hombres, su incapacidad para cualquier esfuerzo teórico, hasta para el escepticismo agresivo, no debiera dañar a nuestra causa maldita, que desde el primer día utilizó como su instrumento privílegiado el afán de conocimiento y esa duda corrosiva que sólo fructifica en quienes se toman muy en serio las ideas!

¡Como si la inercia no funcionase manteniendo precisamente el orden contra el que nos sublevamos y que sólo nuestro empeño subversivo, nuestra imaginación destructora, puede comprometer... o quizá corroborar definitivamente! Pero, alto, basta de quejas; cada uno debemos llevar resignada o desesperadamente nuestra cruz, que a fin de cuentas es para todos la misma: no podemos evitar que el omnipotente sea siempré Otro.
Entre tantos éxitos, un fracaso. ¡Y qué fracaso! Una equivocación que ha alcanzado dimensiones cósmicas, una derrota que los comentaristas rencorosos han querido convertir en signo seguro de que el mal tiene en último término la partida perdida. Un personaje de mi valía tiene forzosamente que abundar en enemigos; en este mundo y en el otro sobran envidiosos que acechan con delicia el traspié de los grandes. Además sirvo a una causa milenariamente calumniada.

Nada más lógico, pues, que se haya celebrado con tal bombo y platillo mi modesto tropezón. "Dejaste escapar el alma de Fausto me gritan hasta las piedras; fuiste engañado, le serviste con obsequiosidad de esclavo y no lograste más que allanarle el camino hacia la salvación eterna..." ¡Qué manera de simplificar las cosas, de juzgarlas con más partidismo que penetración! ¡El alma de Fausto! Pero ¿es que acaso tenía Fausto un alma? Así lo pensé, lo esperé, durante todo el tiempo que estuve a su servicio... Sólo su alma podía compensar las molestias que me tomaba por él. Aunque esto del alma hay que entenderlo bien: yo no quería llevarme el alma de Fausto a una caldera de pez hirviente ni someterlo a alguna otra fastidiosa penitencia de las que abundan en el Erebo cantado por el florentino e ilustrado por Doré. ¡Por favor, todo eso son niñerías y no soy un adolescente sádico, sino un científico, como antes he dicho ya!

No, mi táctica, es decir, nuestra táctica ahora sí que me llamo Legión para hacernos con el alma codiciada consiste en introducir en ella el principio opuesto a lo que esencialmente la constituye. Hay que estudiar previamente el alma y atacarla hincando en su núcleo más íntimo lo que mejor puede desmentirla: así atacamos la pureza con el desenfreno, pero también sabemos tentar a la alegría con el ascetismo; al contento de sí mismo lo destruimos con la compasión, mientras al modesto e inseguro lo emborrachamos de súbita suficiencia. Es toda una ciencia, incluso diría que un arte: consiste en impedir que cada alma llegue a ser plenamente lo que es. Me equivoqué con Fausto: lo reconozco, pero no con humildad sino con luciferino orgullo. Fue un error grandioso, inolvidable.

Hice mis cálculos con toda sutileza, sondeé durante largos años su conducta, interrogué en sueños a sus más próximos allegados. Fue un estudio perfectamente riguroso y verificado de manera impecable: el alma de Fausto estaba hecha de la más sólida y noble autonomía de contentos y quereres. Se bastaba a sí misma y bebía en su propio pozo la esquiva plenitud. Le ataqué, pues, con la insatisfacción de sí mismo, con el anhelo de lo ajeno, de lo exterior, con el vértigo de empresas amatorias o políticas que le desviasen a su fuerza propia.

Terrible equivocación; lo admito. Aquel miserable no tenia alma ninguna y por eso parecía rebosante de ella: estaba poseído por el frenesí inacabable de los proyectos, por el hacer y hacer de nuevo sin otra meta que la acción misma... Le proporcioné lo más acorde con su vacua naturaleza; pienso que fue él, en realidad, quien me tentó a mí.
Sí, fui yo, sólo yo y no Dios, quien salvó a Fausto.

Finalmente, si desen bajar los libros de Fausto, tanto el de Goethe como el de Marlowe, pueden hacerlo en este link.

1 comentario:

Daniel dijo...

ausgezeichnete Zusammenfassung, Mann!!!! Danke schön!!!
Es war eine gute Hilfe für mich.